lunes, 3 de octubre de 2011

Facebook, el "gran" invento del Siglo XXI


Hoy he cerrado, definitivamente espero, mi cuenta en Facebook. No lo he cerrado porque me sienta controlado, espiado o vigilado. Esto es de hecho lo que menos me preocupa.
Me he parado a pensar las cosas positivas que “Feisbuk” me aportaba y he contabilizado una o ninguna. Sé que depende de las personas, pero hay criterios generales que se cumplen en casi todo el mundo.
Facebook se convierte muchas veces en la herramienta que provoca y altera nuestras emociones y sentimientos. Por lo menos mientras estamos frente a la pantalla. Muchos no lo reconocerán pero a mí no me importa hacerlo ahora que me he dado cuenta pues por eso lo cierro.
Antes de analizar al detalle lo que Facebook in/conscientemente hace que se despierte en nosotros, enunciaré lo que creo que son las cosas malas que acaban naciendo en nuestro ser tras su uso quizás inadecuado.
Envidia, falsas alegrías, tristezas sin sentido, egocentrismo, narcisismo, acaba creando una necesidad de afecto innecesaria, y  nos evade del mundo real en el que SÍ vivimos.
¿Por qué aumenta nuestra envidia?
Cuantas veces no despierta envidia un comentario de Pepito en el muro de Los Palotes. O una foto de no sé quién, con no sé cuantos. O tal vez qué sujeto X esté “en Marina d’0r-merendando con individuo Z. Esto acaba siendo más de lo mismo de lo que hablamos en la anterior entrada (El problema del SXXI.).

¿Falsas alegrías? Por supuesto.
Nos alegramos por un comentario en nuestro muro, porque un amigo sube una foto durante la “Fiesta en Springfield” y la gente ve que en ese momento estamos ahí, o por otras tantas cosas. Pero, ¿qué motivo hay para qué eso nos alegre? El simple y triste hecho de saber que hay personas que van a verlo. Queremos/necesitamos que la gente sepa lo que hacemos. A lo mejor por eso estoy escribiendo este artículo, quien sabe.

La tristeza sin sentido viene por la envidia que ya hemos explicado anteriormente. Pues como ya se ha dicho en otras entradas, la envidia no provoca sino tristeza. Ser tan cotillas, aveces, nos juega malas pasadas.

El egocentrismo y el narcisismo no son más que la causa de esas falsas alegrías, que a la vez son también provocados por estas. En definitiva se convierte en un pez que se muerde la cola. Acabamos necesitando esas publicaciones, etiquetas y comentarios para conseguir esa falsa alegría, que al mismo tiempo solo sirve para alimentar más nuestra vanidad y egocentrismo.
No nos damos cuenta y acabamos basando nuestra maravillosa vida en algo tan simple y absurdo como Facebook.
Sé que esto que he dicho no es igual para todas las personas, y felicito a las que consiguen hacer de Facebook algo útil para comunicarse lo IMPRESCINDIBLE y necesario.
Yo no lo conseguí, se había convertido en un problema más de los no pocos que tengo, y hoy a las 13:27 lo he enterrado.
Requiescat In Pace

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