No estaría de más pedir para estas Navidades un poquito de fuerza de
voluntad. Es la clave para conseguir muchas cosas. La virtud que nos ayudará en
lo que sea que hagamos.
Cualquier proyecto que emprendamos necesitará de la perseverancia y la
fuerza de voluntad para llegar a buen puerto. Cualquier iniciativa la
necesitará también para conseguir los objetivos marcados.
En el mundo de los estudios sucede lo mismo. La necesitamos para sacar horas de estudio de donde no las hay, para llegar a los exámenes con el
temario aprendido.
La fuerza de voluntad ni se compra ni se regala. Si la queremos tendremos
que sudarla y trabajarla. Con pequeños sacrificios diarios iremos moldeando
nuestra fuerza de voluntad.
Comer menos, no remolonear en la cama por la mañana, no quejarse tanto, ser
puntuales en el deber, y eficaces en el hacer, son cosas que nos ayudarán a ir
moldeando nuestra fuerza de voluntad. A medida que lo consigamos nos costará
menos ponernos en el estudio, ir a tal o cual sitio, asistir a una conferencia a
las siete de la tarde de un martes, o levantarnos pronto por la mañana para ir a
trabajar el lunes, y lo más importante de todo, lo haremos con ganas.
Que mejor que, hacer lo que antes
nos costaba, y encima hacerlo con ganas.
Por sus características entendemos que no es un regalo que vaya nadie a
regalarnos, sino un regalo que nosotros decidiremos si nos regalamos a nosotros
mismos.
Por si a alguien aún no le ha quedado claro que la fuerza de voluntad es el
regalo perfecto que alguien puede hacerse a sí mismo en estas fechas le voy a
dar un argumento de peso:
Navidad rima con fuerza de voluntad.
Ahí os lo dejo.

