lunes, 12 de diciembre de 2011

La humildad como base de la felicidad


Consigamos ser humildes, y ya lo habremos conseguido casi todo



Solo los humildes, o aquellos que intentan serlo, se acercarán un poco más a la verdadera felicidad.

Una persona humilde es capaz de encajar y superar desamores, ya sean en la familia, en los amigos, o en sus compañeros de estudios o trabajo. El humilde es consciente de que no es imprescindible, y que como en todo, habrá quién, por ejemplo, dentro de su grupo de amigos, contará más con él, y quién contará menos. Sabrá entender que a veces no se le tenga en cuenta, y lo mejor de todo, lo sabrá entender con amor.
Por eso el humilde tendrá siempre a todo el mundo en cuenta, a pesar de que a él no le tengan en cuenta siempre. El humilde cogerá el trozo más pequeño de carne cuando su madre le pase la bandeja, el humilde se duchará más temprano para que sus hermanos pequeños puedan dormir más, el humilde no criticará, intentará ayudar, el humilde será valiente pero no agresivo. 


El humilde actuará por amor.  



Debemos ser  conocedores de nuestras virtudes, pero también de nuestros errores y pedir ayuda para mejorar. No resulta fácil reconocer aquello en lo que fallamos, además el orgullo muchas veces actúa de barrera, pero reconocerlo y compartirlo con los demás, nos hace grandes, nos ayuda, y nos acerca más a los nuestros.
Todos agradecemos cuando la gente es sincera con nosotros y nos ayuda a corregir nuestros errores, esto no hace sino fortalecer la amistad.

Una persona humilde no necesita aparentar nada delante de los demás, pues no se considera, ni necesita ser, más que ellos. Cuando empecemos a dejar de estar pendientes de los demás (en el sentido peyorativo de la expresión) empezaremos a ser un poco más humildes.

Aprendamos a pedir perdón con el corazón aun cuando a nosotros no nos lo pidan. Esta es de las pruebas más duras que el hombre ha de superar. Pedir perdón.

El humilde, en definitiva, es esa persona con la que es agradable estar, que no tiene una palabra de desprecio hacia los demás,  y que no busca halagos ni ser tenida en cuenta siempre.
El humilde, es y está alegre la mayor parte del tiempo.
Ser humildes no es fácil, pero merece realmente la pena.

Ser humildes no solo nos hace mejores a nosotros, también ayuda al resto a ser mejores.


Actuemos por amor y seremos humildes.

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