sábado, 24 de diciembre de 2011

La fuerza de voluntad



No estaría de más pedir para estas Navidades un poquito de fuerza de voluntad. Es la clave para conseguir muchas cosas. La virtud que nos ayudará en lo que sea que hagamos.
Cualquier proyecto que emprendamos necesitará de la perseverancia y la fuerza de voluntad para llegar a buen puerto. Cualquier iniciativa la necesitará también para conseguir los objetivos marcados.
En el mundo de los estudios sucede lo mismo. La necesitamos para sacar horas de estudio de donde no las hay, para llegar a los exámenes con el temario aprendido.
La fuerza de voluntad ni se compra ni se regala. Si la queremos tendremos que sudarla y trabajarla. Con pequeños sacrificios diarios iremos moldeando nuestra fuerza de voluntad.
Comer menos, no remolonear en la cama por la mañana, no quejarse tanto, ser puntuales en el deber, y eficaces en el hacer, son cosas que nos ayudarán a ir moldeando nuestra fuerza de voluntad. A medida que lo consigamos nos costará menos ponernos en el estudio, ir a tal o cual sitio, asistir a una conferencia a las siete de la tarde de un martes, o levantarnos pronto por la mañana para ir a trabajar el lunes, y lo más importante de todo, lo haremos con ganas.
Que mejor que, hacer lo que antes nos costaba, y encima hacerlo con ganas.
Por sus características entendemos que no es un regalo que vaya nadie a regalarnos, sino un regalo que nosotros decidiremos si nos regalamos a nosotros mismos.
Por si a alguien aún no le ha quedado claro que la fuerza de voluntad es el regalo perfecto que alguien puede hacerse a sí mismo en estas fechas le voy a dar un argumento de peso:
Navidad rima con fuerza de voluntad.
Ahí os lo dejo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

La humildad como base de la felicidad


Consigamos ser humildes, y ya lo habremos conseguido casi todo



Solo los humildes, o aquellos que intentan serlo, se acercarán un poco más a la verdadera felicidad.

Una persona humilde es capaz de encajar y superar desamores, ya sean en la familia, en los amigos, o en sus compañeros de estudios o trabajo. El humilde es consciente de que no es imprescindible, y que como en todo, habrá quién, por ejemplo, dentro de su grupo de amigos, contará más con él, y quién contará menos. Sabrá entender que a veces no se le tenga en cuenta, y lo mejor de todo, lo sabrá entender con amor.
Por eso el humilde tendrá siempre a todo el mundo en cuenta, a pesar de que a él no le tengan en cuenta siempre. El humilde cogerá el trozo más pequeño de carne cuando su madre le pase la bandeja, el humilde se duchará más temprano para que sus hermanos pequeños puedan dormir más, el humilde no criticará, intentará ayudar, el humilde será valiente pero no agresivo. 


El humilde actuará por amor.  



Debemos ser  conocedores de nuestras virtudes, pero también de nuestros errores y pedir ayuda para mejorar. No resulta fácil reconocer aquello en lo que fallamos, además el orgullo muchas veces actúa de barrera, pero reconocerlo y compartirlo con los demás, nos hace grandes, nos ayuda, y nos acerca más a los nuestros.
Todos agradecemos cuando la gente es sincera con nosotros y nos ayuda a corregir nuestros errores, esto no hace sino fortalecer la amistad.

Una persona humilde no necesita aparentar nada delante de los demás, pues no se considera, ni necesita ser, más que ellos. Cuando empecemos a dejar de estar pendientes de los demás (en el sentido peyorativo de la expresión) empezaremos a ser un poco más humildes.

Aprendamos a pedir perdón con el corazón aun cuando a nosotros no nos lo pidan. Esta es de las pruebas más duras que el hombre ha de superar. Pedir perdón.

El humilde, en definitiva, es esa persona con la que es agradable estar, que no tiene una palabra de desprecio hacia los demás,  y que no busca halagos ni ser tenida en cuenta siempre.
El humilde, es y está alegre la mayor parte del tiempo.
Ser humildes no es fácil, pero merece realmente la pena.

Ser humildes no solo nos hace mejores a nosotros, también ayuda al resto a ser mejores.


Actuemos por amor y seremos humildes.

martes, 29 de noviembre de 2011

La gestión del tiempo



Desaprovechamos demasiado el tiempo. Perdemos horas y horas sin hacer nada. Sentados delante del ordenador, mirando la tele, o deambulando por los pasillos de la universidad.
Cuando nos ponemos al tajo tardamos 5 minutos en buscar una excusa para interrumpir la faena, y tardamos el triple en ponernos de nuevo.
Cuando se acerca el momento de rendir cuentas de nuestro trabajo, nos ponemos nerviosos y aparece el estrés. Bueno, de hecho el estrés es constante.
Pues bien señores, reconozcamos que somos tontos, profundamente tontos.
Nos quejamos por vivir estresados, sin tiempo, y con demasiadas preocupaciones, pero las cosas son mucho más sencillas. Si nos fuésemos a dormir con la conciencia tranquila de haber hecho lo que tocaba ese día, todo lo veríamos desde otra perspectiva.
Si aprovechásemos la mitad del tiempo que desperdiciamos, unas 6 horas diarias tirando bajo, -y sin contar las horas de sueño, que muchos parece que también las desaprovechan- conseguiríamos terminar parte de nuestras tareas pendientes, y aún nos sobrarían muchas horas más para, ahora sí, disfrutar tranquilamente, relajarnos de verdad, olvidando esas preocupaciones, que por mucho que lo intentemos, no desaparecen hasta que no hemos terminado lo que nos toca.
Aprovechar el tiempo debidamente significaría poder tomarse un “break” de entre 1 y 2 horas al día, en el que poder descansar sin tener que estresarse por aquel trabajo, o aquella presentación que he de terminar. Estas 2 horas de “break” nos ayudarían mucho más de lo que nos pensamos.
Además, esto influiría también positivamente en nosotros el resto del día. Adoptaríamos un hábito de trabajo que nos permitiría disponer de un mayor número de horas para nosotros, y para estar con el resto. Nuestra actitud cambiaría notablemente. Notaríamos como el “estrés continuo” empieza a desaparecer de nuestras vidas, apareciendo solo en puntuales ocasiones otro tipo de estrés, necesario para afrontar según qué cosas.
Aprovechar el tiempo es gratis y accesible a todos.
Conseguirlo es fácil, y está al alcance de cualquiera, solo se necesita fuerza de voluntad en abundancia y ganas de empezar.

¡ADELANTE!

PD: A lo mejor el artículo está exclusivamente enfocado a los jóvenes universitarios, pero “¡eg lo que hay!”. Todos pueden aplicarse el mismo cuento.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Ser buen padre: tan difícil como necesario



Dentro de una familia no solo es importante que los padres quieran a sus hijos. Es importante también que lo sepan demostrar, que los hijos se sientan queridos. Cuantas personas, cuántos hijos, no se sienten queridos por sus padres…
Cualquiera, pensando de forma lógica, puede darse cuenta y entender que sus padres le quieren, pues suele ser raro lo contrario, pero no solo ha de creerlo, ha de sentirlo y notarlo. Pues cuando deja de sentirlo deja de creerlo.
Hay diversos factores que pueden “favorecer” esta situación. Problemas familiares, laborales, y un largo etcétera.  Sin embargo, en todos los casos de falta de afecto hacia los hijos, suele haber un factor común que provoca, o proviene de, esta situación: el orgullo. Y cuando este orgullo está muy avanzado es difícil volver atrás. Tanto para los padres como para sus hijos.
Cuando se es consciente del problema, ocasionado como ya hemos dicho principalmente por el orgullo, y no se  ponen los medios suficientes para mejorar lo que para el hijo supone un grave inconveniente, es cuando se está cometiendo una falta de caridad hacia los hijos. Y es aquí donde está lo peliagudo de la cuestión.
Arreglar esas situaciones no es fácil, nada fácil, y requiere tiempo y disposición de las dos partes a solucionar el problema. Es ante todo indispensable apartar el orgullo, germen que nos destruye lentamente.
Y para apartarlo es necesario amor, mucho amor. Pues el amor es la razón que nos lleva a renunciar al orgullo y a nosotros mismos, lo que muchas veces para nosotros es una humillación, un acto cobarde, es en realidad un acto de valentía, que dice mucho de aquellos que lo consiguen.
Y con eso volvemos a lo mismo de siempre, amor, humildad, paciencia, y caridad.
Aunque cierto es también que una parte importante de la solución del problema recae sobre nosotros, los hijos. Con amor y humildad podemos cambiar a nuestros padres.
Visto así, ¿Por qué no intentamos ser nosotros esa pieza clave en la solución de esa falta de afectividad?

miércoles, 19 de octubre de 2011

Amar en tiempos revueltos



No me es fácil decir lo que a continuación expondré, pues no solo es complicado de explicar, sino que además serán muchas las voces discordantes, sin embargo me expongo a ello. El barullo, a veces, mola.
Intentaré definir lo que es amor en una pareja, y lo que se reduce a un simple uso, a un acto de egoísmo.
Para definir lo que es amor entre dos, empezaré definiendo lo que NO lo es.
Un caso típico de no amor, es por ejemplo eso que ahora está tan de moda, los “aquí te pillo aquí te mato”, los “líos de discoteca”, o los “rolletes”, pues en el fondo, todos se reducen a lo mismo.
La cuestión es, ¿por qué no son amor? .
Muchas veces solemos confundir amor, con sexo y placer, llegando a sustituir el primero por los segundos.
Cuando nosotros, por el hecho de tener un deseo,  en este caso de placer sexual, tenemos ganas de satisfacerlo, y mantenemos relaciones (se entiende de que tipo) con otra persona, estamos reduciendo estas relaciones simplemente a satisfacer nuestro deseo de placer. En el momento en que nosotros mantenemos relaciones para satisfacer este deseo, simplemente estamos usando a la otra persona para eso, para satisfacer NUESTRO deseo, por lo que se  acaba convirtiendo en un acto de egoísmo y en un uso del prójimo.  Y usar al prójimo, en ningún caso denota amor a la otra persona. Todo lo contrario, el uso y el egoísmo son señales de desamor. Lo que significa que no estamos queriendo al otro.
¿Y si los dos implicados quieren? Pues lo mismo, no deja de ser un acto de egoísmo y de uso por parte de los dos. Es un usar y aceptar ser usado. Es decir, no querer y aceptar no ser querido.
Y permitirme la afirmación que a muchos sorprenderá, pero; siguiendo la lógica anterior, mientras se use preservativo en una relación, el acto no deja de reducirse al querer satisfacer un deseo, una “necesidad”, y por tanto se convierte en última instancia en un acto de desamor, en un uso (salvo en casos muy concretos que explicarlos sería muy extenso, por lo que los dejaré para más adelante).
Pues el problema reside en que el “aquí te pillo…” se reduce simplemente a  querer satisfacer un deseo, en vez de abrirse también a la posibilidad de tener un hijo, la máxima expresión de amor. Es entonces y solo entonces, cuando las personas se abren a la posibilidad de tener un hijo,  cuando existe verdadero amor. El acto no se reduce entonces a una simple satisfacción de un deseo, implica algo mucho más importante, aceptar y abrirse a la consecuencia que eso trae consigo, que no deja de ser, repito, la máxima expresión de amor.  Abrirse a la posibilidad no quiere decir ir a buscarlo siempre, significa no cerrarse de forma artificial, e impedir que este pueda “venir”.
Digo todo esto consciente de que somos muchos los que hemos metido la gamba, por eso no acuso ni juzgo a nadie, solo intento hacer pensar un poco acerca del tema, confiado en que en un futuro sepamos ver lo que es realmente el amor.
Sabiendo ya lo que no es amor, veamos ahora lo que sí es amor. Para mostrarlo, he escogido un fragmento de la Biblia, que creo es el escrito más bonito sobre amor que existe, y con el que termino este artículo.
El amor es paciente, es servicial; y sin envidias, no hace alarde, no se envanece,  no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.  El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás”.
1ª Carta a los Corintios: (capítulo 13, versículos 1-13)

viernes, 7 de octubre de 2011

AMEMOS PUES


http://abrazadosalaverdad.wordpress.com/tag/beato-martin-martinez/ 
                                               (Aconsejo encarecidamente leáis su historia )




Vivimos en una sociedad con problemas. Bastantes problemas. Pero hay uno que destaca por estar especialmente presente en las personas. La falta de afectividad y de amor.
Las personas necesitan de ello, y lo anhelan con todas sus fuerzas. Pero muchas no lo encuentran. Y por falta de esperanza dejan de intentarlo.
El no amar a los demás no es más que un acto que nos demuestra que somos egoístas, o tal vez, que nosotros también hemos vivido una falta de amor en nuestras vidas.
Es por ello que, hoy más que nunca, necesitamos, en nuestra sociedad, personas con tremenda fuerza de corazón, dispuestas a dar amor, a cambio de recibir desamor, de ser generosas sin esperar nada a cambio. Personas con convicciones, que no se conformen con dejar pasar la vida.
Necesitamos personas que sepan transmitir su ilusión y Fe a todos aquellos que desorientados y desolados necesitan tanto de nuestro amor, de nuestro optimismo. Tengamos siempre, a pesar de la dificultad que nos supone, una sonrisa para aquellos que más la necesitan, y el propósito de ser pacientes y comprensivos con aquellos que más nos incomodan.
Es más, todas esas palabras que todos alguna vez hemos oído en actos y manifestaciones: justicia, paz y libertad, pueden perfectamente resumirse tan solo en una palabra, AMOR, verdadera pasión por el amor, por el querer. Eso es lo que necesitamos. Es entonces cuando seremos justos, conoceremos la verdadera libertad, y se conseguirá entonces la paz.
No olvidemos tampoco el Principio de Solidaridad para con el resto de personas.
Y no perdamos nunca el respeto, pero tampoco la valentía; sepamos defender con templanza aquello en lo que creemos.
Es trabajo de todos conseguir hacer resurgir de nuevo, una sociedad con ilusión, ideas, entusiasmo, convicciones, Fe, esperanza y caridad. En nosotros está la posibilidad de convertir lo que ahora llamamos vida, en VIDA.

lunes, 3 de octubre de 2011

Facebook, el "gran" invento del Siglo XXI


Hoy he cerrado, definitivamente espero, mi cuenta en Facebook. No lo he cerrado porque me sienta controlado, espiado o vigilado. Esto es de hecho lo que menos me preocupa.
Me he parado a pensar las cosas positivas que “Feisbuk” me aportaba y he contabilizado una o ninguna. Sé que depende de las personas, pero hay criterios generales que se cumplen en casi todo el mundo.
Facebook se convierte muchas veces en la herramienta que provoca y altera nuestras emociones y sentimientos. Por lo menos mientras estamos frente a la pantalla. Muchos no lo reconocerán pero a mí no me importa hacerlo ahora que me he dado cuenta pues por eso lo cierro.
Antes de analizar al detalle lo que Facebook in/conscientemente hace que se despierte en nosotros, enunciaré lo que creo que son las cosas malas que acaban naciendo en nuestro ser tras su uso quizás inadecuado.
Envidia, falsas alegrías, tristezas sin sentido, egocentrismo, narcisismo, acaba creando una necesidad de afecto innecesaria, y  nos evade del mundo real en el que SÍ vivimos.
¿Por qué aumenta nuestra envidia?
Cuantas veces no despierta envidia un comentario de Pepito en el muro de Los Palotes. O una foto de no sé quién, con no sé cuantos. O tal vez qué sujeto X esté “en Marina d’0r-merendando con individuo Z. Esto acaba siendo más de lo mismo de lo que hablamos en la anterior entrada (El problema del SXXI.).

¿Falsas alegrías? Por supuesto.
Nos alegramos por un comentario en nuestro muro, porque un amigo sube una foto durante la “Fiesta en Springfield” y la gente ve que en ese momento estamos ahí, o por otras tantas cosas. Pero, ¿qué motivo hay para qué eso nos alegre? El simple y triste hecho de saber que hay personas que van a verlo. Queremos/necesitamos que la gente sepa lo que hacemos. A lo mejor por eso estoy escribiendo este artículo, quien sabe.

La tristeza sin sentido viene por la envidia que ya hemos explicado anteriormente. Pues como ya se ha dicho en otras entradas, la envidia no provoca sino tristeza. Ser tan cotillas, aveces, nos juega malas pasadas.

El egocentrismo y el narcisismo no son más que la causa de esas falsas alegrías, que a la vez son también provocados por estas. En definitiva se convierte en un pez que se muerde la cola. Acabamos necesitando esas publicaciones, etiquetas y comentarios para conseguir esa falsa alegría, que al mismo tiempo solo sirve para alimentar más nuestra vanidad y egocentrismo.
No nos damos cuenta y acabamos basando nuestra maravillosa vida en algo tan simple y absurdo como Facebook.
Sé que esto que he dicho no es igual para todas las personas, y felicito a las que consiguen hacer de Facebook algo útil para comunicarse lo IMPRESCINDIBLE y necesario.
Yo no lo conseguí, se había convertido en un problema más de los no pocos que tengo, y hoy a las 13:27 lo he enterrado.
Requiescat In Pace