Desaprovechamos
demasiado el tiempo. Perdemos horas y horas sin hacer nada. Sentados delante
del ordenador, mirando la tele, o deambulando por los pasillos de la
universidad.
Cuando nos
ponemos al tajo tardamos 5 minutos en buscar una excusa para interrumpir la
faena, y tardamos el triple en ponernos de nuevo.
Cuando se acerca
el momento de rendir cuentas de nuestro trabajo, nos ponemos nerviosos y
aparece el estrés. Bueno, de hecho el estrés es constante.
Pues bien
señores, reconozcamos que somos tontos, profundamente tontos.
Nos quejamos por
vivir estresados, sin tiempo, y con demasiadas preocupaciones, pero las cosas
son mucho más sencillas. Si nos fuésemos a dormir con la conciencia tranquila
de haber hecho lo que tocaba ese día, todo lo veríamos desde otra perspectiva.
Si aprovechásemos
la mitad del tiempo que desperdiciamos, unas 6 horas diarias tirando bajo, -y
sin contar las horas de sueño, que muchos parece que también las desaprovechan-
conseguiríamos terminar parte de nuestras tareas pendientes, y aún nos
sobrarían muchas horas más para, ahora sí, disfrutar tranquilamente, relajarnos
de verdad, olvidando esas preocupaciones, que por mucho que lo intentemos, no
desaparecen hasta que no hemos terminado lo que nos toca.
Aprovechar el
tiempo debidamente significaría poder tomarse un “break” de entre 1 y 2 horas
al día, en el que poder descansar sin tener que estresarse por aquel trabajo, o
aquella presentación que he de terminar. Estas 2 horas de “break” nos ayudarían
mucho más de lo que nos pensamos.
Además, esto
influiría también positivamente en nosotros el resto del día. Adoptaríamos un
hábito de trabajo que nos permitiría disponer de un mayor número de horas para nosotros,
y para estar con el resto. Nuestra actitud cambiaría notablemente. Notaríamos
como el “estrés continuo” empieza a desaparecer de nuestras vidas, apareciendo
solo en puntuales ocasiones otro tipo de estrés, necesario para afrontar según
qué cosas.
Aprovechar el
tiempo es gratis y accesible a todos.
Conseguirlo es
fácil, y está al alcance de cualquiera, solo se necesita fuerza de voluntad en
abundancia y ganas de empezar.
¡ADELANTE!
PD: A lo mejor el
artículo está exclusivamente enfocado a los jóvenes universitarios, pero “¡eg lo
que hay!”. Todos pueden aplicarse el mismo cuento.

